REIA #28 - Call For Papers - Convocatoria
La Belleza Común: ¿Quién define la belleza en la arquitectura contemporánea?
En la política, la planificación urbana y la cultura, la belleza ha vuelto a situarse en el centro del debate arquitectónico, aunque no sin controversia. Las campañas recientes para “construir con belleza” han tendido con frecuencia a mirar hacia atrás, invocando la forma clásica y un orden nostálgico. Mientras tanto, nuevas tecnologías y herramientas neurocientíficas prometen medir la belleza a través de datos y emociones. Al mismo tiempo, el brutalismo, antaño ampliamente denostado, se ha convertido en un fenómeno tanto de moda como rentable, con su hormigón desnudo revalorizado como signo de autenticidad.
La Convocatoria REIA 28, La belleza común: quién define la belleza en la arquitectura contemporánea, invita a profesionales, investigadores y responsables públicos a examinar esta renovada disputa en torno al gusto y el significado. ¿Quién decide qué es bello y quién se beneficia cuando esa definición se impone? Al reunir voces de distintas disciplinas, REIA propone explorar la belleza no como consenso, sino como un campo de poder, imaginación y negociación ética que contribuye a dar forma a las ciudades del mañana.
Descripción temática
En todo el mundo, los gobiernos, la profesión y la disciplina arquitectónica y la ciudadanía, redescubren la palabra belleza en el discurso sobre la vivienda y el desarrollo urbano. Sin embargo, este resurgimiento está lejos de ser neutral. Los movimientos políticos que promueven la idea de “construir con belleza” suelen arrastrar un marcado sesgo tradicionalista, que equipara la belleza con lo familiar, lo patrimonial y el retorno a formas clásicas. En el Reino Unido, iniciativas como la Building Better, Building Beautiful Commission o el informe Building Beautiful Council Houses impulsado por Policy Exchange fomentan la alineación estética con los lenguajes vernáculos y las tramas urbanas tradicionales; en Estados Unidos, la orden Making Federal Architecture Beautiful Again declaró la arquitectura clásica como el estilo “preferido” para los edificios públicos. En París, la belleza se ha convertido igualmente en una preocupación política explícita, articulada a través de políticas de embellissement y de reiteradas apelaciones a la “belleza de la ciudad” en el discurso municipal y nacional. Estos programas no se limitan al diseño: expresan un anhelo de orden, identidad y estabilidad en contextos de cambio social. En estos contextos, la belleza opera como un instrumento moral y político, capaz de apaciguar la ansiedad cultural, pero también de restringir la experimentación y la diversidad. En este sentido, la invocación de la belleza puede convertirse en un subterfugio de exclusión cultural, utilizado para deslegitimar otras identidades sociales, estéticas o políticas.
No obstante, el regreso de la belleza al discurso del planeamiento ha impulsado también una ola de innovación formal y tecnológica. Diseñadores e investigadores están redefiniendo la belleza a través de la percepción, la biología y los datos. Desde la campaña Humanise de Thomas Heatherwick hasta los estudios en neuroarquitectura y computación afectiva, la disciplina explora cómo la complejidad espacial, la luz o las texturas materiales influyen en la emoción y el bienestar. La inteligencia artificial y las simulaciones inmersivas se emplean hoy para visualizar el gusto colectivo o predecir la respuesta estética. Este nuevo sensorium del diseño plantea promesas y riesgos: la belleza se vuelve medible, incluso programable. ¿Pueden coexistir la empatía y el algoritmo? ¿Puede el diseño basado en datos fomentar la conexión emocional en lugar de reducirla? La belleza, durante tanto tiempo considerada subjetiva, reaparece así como una frontera tecnológica de la imaginación arquitectónica.
Paralelamente, el brutalismo, estética arquitectónica antaño vilipendiada, ha experimentado una notable rehabilitación cultural. Lo que antes se percibía como opresivo hoy circula como símbolo de autenticidad y carácter. Los conjuntos brutalistas se han convertido en telón de fondo de sesiones de moda, videoclips y estéticas digitales, mientras que en Londres el Barbican, Trellick Tower o el Southbank Centre han pasado del imaginario de la vivienda social a convertirse en símbolos de estatus y de marcas de prestigio. Esta inversión revela hasta qué punto la belleza está entrelazada con la economía, la nostalgia y la clase social. Cuando lo “feo” se vuelve icónico, se hace evidente que el valor estético no es fijo, sino socialmente producido, reflejo de deseos cambiantes y de las relaciones de poder que los sostienen.
Más allá de las cuestiones de estilo o percepción, la belleza es también una práctica política y performativa. Surge de las infraestructuras que deciden qué se hace visible y deseable, a través de comités de planificación, representaciones mediáticas, rankings algorítmicos e instituciones culturales. Estos dispositivos construyen no solo el entorno físico, sino también los imaginarios colectivos. Preguntar “¿quién decide qué es bello?” implica, por tanto, examinar las estructuras de poder que coreografían el consentimiento estético y las formas en que la arquitectura media las relaciones sociales, el género, la ecología y la esfera pública.
A través de estos movimientos, la belleza aparece como nostalgia e innovación, exclusión y aspiración, una cuestión ética tanto como estética. Esta convocatoria de artículos de REIA invita a contribuciones que examinen de manera crítica y creativa cómo la belleza opera como un campo de poder, negociación y posibilidad en el entorno construido.
Preguntas clave
Gobernanza y autoridad.
¿Quién ostenta el derecho a definir la belleza arquitectónica: arquitectos, urbanistas, promotores, gobiernos o comunidades? ¿Cómo funcionan las apelaciones políticas a la “belleza” como instrumentos de tranquilidad o de exclusión?
Democracia y diálogo.
¿Cómo podría articularse una “democratización estratégica de la belleza”? ¿Puede la participación real transformar el gusto o la consulta pública se limita a legitimar estéticas ya decididas? ¿De qué modo se produce la belleza como una performance social, a través de medios, instituciones y públicos, más que como un objeto estético fijo?
Tecnología y mediación.
¿Cómo miden o simulan la experiencia estética las herramientas de inteligencia artificial, la neuroarquitectura y los procesos de diseño inmersivo? ¿Amplían estas tecnologías la imaginación o la restringen a un gusto algorítmico?
Memoria cultural y cambio.
¿Cómo revelan las inversiones estéticas —del brutalismo al neoclasicismo o a los revivalismos góticos— las fuerzas sociales y económicas que configuran el gusto? ¿Cuándo se convierte lo “feo” en patrimonio?
Ética y sostenibilidad.
¿Puede la búsqueda de la belleza coexistir con las exigencias de asequibilidad, funcionalidad y responsabilidad ecológica? ¿Es la belleza un derecho ético o un privilegio cultural?
Invitación a autores
Se aceptan propuestas en forma de:
- Artículos académicos (10.000–30.000 caracteres)
- Ensayos visuales o propuestas especulativas
- Reseñas y revisiones bibliográficas
Las contribuciones podrán proceder de los campos de la arquitectura, el urbanismo, la planificación, la filosofía, la teoría política, la neurociencia, el diseño digital, los estudios culturales u otras disciplinas afines.